viernes, 11 de agosto de 2017

“La mujer de tu prójimo” de Gay Talese



Con este título uno se espera encontrar dentro del libro otra cosa de la que albergan estas quinientas páginas. Que no es otra cosa que un extenso informe sobre cómo el sexo y la libertad de disfrutarlo recorrió el siglo XX en los Estados Unidos de América. De cómo la moral, las religiones, en USA siempre son religiones, el negocio, la política y por supuesto nuestra necesidad de sexo intervinieron y elaboraron formas y modos de disfrutarlo, reprimirlo y exprimirlo.
Y como nunca Talese, al tratar un tema, lo focaliza, pues tenemos la fortuna de, tomando como excusa la lucha por la liberación sexual, darle un recorrido a leyes, personajes e historia de América del Norte.
No escatima Talese las referencias a personajes reales vinculados con la industria del sexo, debe haber sido muy laborioso, a posteriori y durante la escritura del libro, el trato con estos personajes que aparecen, con nombres, apellidos, aventuras y desventuras, además vinculadas muchas veces a su vida más intima, ni escatima, como en él es habitual la documentación necesaria y todos los datos objetivos que puede añadir. Incluyendo en este caso su propia peripecia sexual en el tiempo en que trabajó en él.
El resultado es otro esplendido fresco de Estados Unidos.
Yo no sé si el título que se le dedica muchas veces, “Creador del nuevo periodismo”, junto a Tom Wolf es justo, si no es quizás un título que da importancia sólo a una faceta de su trabajo. Pues indudablemente hay un valor informativo de muchos quilates en sus libros pero también hay un resultado que le aproxima a la sociología, la antropología y todas estas ciencias que tratan de explicar al hombre y sus comportamientos. Hay una necesidad en él de entender a este ser contradictorio que nunca deja de debatirse entre su animalidad y su espiritualidad. Su grandeza y su miseria.
En este libro, por ejemplo, parece que centrado en la vida sexual de los americanos en el siglo XX, hay un desfile interminable de personajes que por el mero hecho de haber existido y él limitarse a reflejarlos no parece que tenga valor ninguno su exposición, vida y aventuras, cuando sin embargo adosado a ese desfile se pasea toda una forma de entender la vida en EEUU, de la lucha por la propia subsistencia, por la conquista de la libertades, de la justicia, en fin por la lucha para alcanzar una sociedad donde el hombre sea un individuo lo más auténtico posible que entre otras cosas consigue que tengamos una idea de cómo es “ese espíritu americano” que hoy en día ha conquistado el mundo.
Creo que otra reseña de uno de sus libros comentaba la necesidad de leer su obra para saber con más profundidad como son los yanquis, ese pueblo proveniente de la mezcla de mil pueblos,  ahora lo ratifico. Guy Talese es un historiador. No de los hechos grandes, de las batallas que nutren de honor épico a los países, si no de los sucesos cotidianos, de las pequeñas guerras que individuos talentosos, con voluntades férreas y ambiciones insaciables han contribuido a hacer esta sociedad como es, con sus luces y sus sombras.
Su prosa no es literaria, es una prosa al servicio de la historia. Clara, diáfana, repleta de datos, por si alguien quiere ir a la wiki y comprobarlo.
Para mí, por ejemplo, la figura del creador de Playboy ha adquirido unas dimensiones humanas que nunca había pensado que pudiera albergar.  Y como él, aunque menos conocidos, hay unas decenas, hombres y mujeres, de protagonistas de aventuras humanas apasionantes. Y aleccionadoras. De las que se puede aprender mucho. Malo y bueno. En fin, un libro que merece mucho la pena leer.
Ojala en España alguien se dedicara a escribir este tipo de libros sobre nosotros.








“Batalla en el cielo” de Carlos Reygadas (2005)


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¿Qué se le puede decir a un aficionado al cine que se acerque a leer una reseña sobre esta película? ¿Qué le puedo decir yo?
No sé, salvo que la debe ver.
Si alguien afirma que esta película es mala, no sabría como argumentar que no lo es.
Si alguien afirma que es una buena película, no tendría muy claro que pueda coincidir con él.
Reygadas no respeta ninguna de las convenciones cinematográficas al uso: Malas interpretaciones, por llamarlas de alguna manera; el guion es caótico, a base de empastes; lo de tiempo, espacio, acción… ¿Eso qué es lo que es?; las relaciones sociales de los personajes parecen parte de un sueño, de una pesadilla, de una casa de locos; el recurso fácil de la fealdad y la desproporción…
Por lo tanto cabe decir que la dirección de Reygadas es un desastre.
Pero yo no me atrevo.
No se pueden juzgar los cuadros más famosos de Pollock siguiendo los criterios de la pintura figurativa.
Reygadas trasciende el cine, está cogiendo los límites, y vale también en este caso la semántica argentina del verbo, y estirándolos hasta desdibujarlos y quizás depositar la cinta en un museos de arte-video. Sólo por eso merece la pena ir a ver el film.
Los amantes del arte, de la cultura, siempre andamos buscando algo más.
Reygadas nos lo sirve.
Sospecho que Reygadas grabó y grabó y cuando verdaderamente hizo la película fue en el montaje, que desmontó y desmontó. Que esto normalmente es así, pues lo pongo asá. Hay planos pornográficos hechos más con el fin de escandalizar que de dar contenido a la historia. Tanto regodeo. Hay una intrusión en el mundo religioso mejicano, con un afán escandalizador que es casi infantil. Tanta exageración. Alguien se mea en el portamaletas de un coche y no tengo ni idea de que quiere decir con esa escena y lo peor es que no despierta en mí ninguna sensación, emoción, ni respuesta… es gratuita, innecesaria, buscando la boutade.
A mí me gusta Pollock y no sé por qué.
La película de Reygadas no me ha gustado, pero verla, creo que era necesario.
Ah!, y pienso ver las otras que ha dirigido.
Lamento no poder ser más preciso.
Podía ser una alegoría sobre la rebelión de los humildes contra el poder, pero es que la película puede ser tantas cosas… hasta una absoluta mierda.
En fin.

domingo, 6 de agosto de 2017

“Habitación para hombre solo” de Segundo Serrano Poncela



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SSP fue un escritor nacido en 1912, comprometido con la Republica que Franco derribó, que tuvo que exiliarse y pasarse el resto de su vida dando vueltas por América, dando clases en universidades de Santo Domingo, Puerto Rico y Caracas, donde murió en 1976, entre otras.  Estudioso de la literatura y el pensamiento de intelectuales españoles como M. de Unamuno y A. Machado, es autor de novelas y cuentos.
Prácticamente, si no absolutamente, desconocido en nuestro país, se vio obligado a ejercer su labor docente para generaciones de jóvenes de otros países a los que enriqueció con su saber y su entrega a la literatura y al arte en general. Otro más. Otro más que no estuvo aquí y  no pudo combatir para evitar los años de tristeza, grisura e ignorancia que nos cayeron encima.
Hoy resulta imposible evaluar el daño que la falta de tantos y tantos hombres sabios en nuestras universidades, que tuvieron que huir ante la falta de libertad y justicia, nos ha causado pero  resulta obvio que con ellos en nuestras aulas todo hubiera sido muy diferente y sin duda mejor.
Esta novela que escribió en 1963, por ejemplo, es una novela que hoy en día destila más modernismo, más riesgo y más originalidad que muchas de las obras que ahora mismo se están escribiendo y que pueblan los escaparates de nuestras librerías. Imposible predecir qué hubiera pasado si los jóvenes escritores del 63 y posteriores la hubieran leído, lo que podría o no haber influido en ellos. Indudablemente los hubiera enriquecido.
No es una obra maestra de la literatura pero hay indicios en ella de modernidad, riesgo y voz propia. Algo parecido a lo que por aquella época se hacía en Francia, por ejemplo.
La novela, que narra cómo es vivir en medio de la nada, con las raíces al viento, haciendo la fotosíntesis de la vida con extraños, está estructurada en tres partes muy diferentes. La primera es un soliloquio en segunda persona que el autor se dedica a sí mismo, se lo cuenta rememorando lo que ha sido su vida a raíz de abandonar su país. De habitación en habitación, autocondenandose a la soledad, de mujer en mujer. No hay lamentos, ni condenas, ni afán de venganza, sólo constatación de una situación, descripción de unos mundos ajenos a los que sabe que no se amoldó y que ahora al recordarlos le parecen vividos por otra persona.
Después hay una segunda parte, que llama “Numina rerum”, poesía sin  más, en las que pretende fijar las figuras de las mujeres que por ese tiempo al hombre que habita una habitación imposible de convertir en hogar se acercaron y  de un lugar por el que discurrió pero no interiorizó.
En la “Paralipomena”, que es la tercera parte, el escritor se distancia del protagonista y ya en tercera persona recoge los restos de la memoria y amalgama pasado remoto, pasado en exilio y cierra con una poesía que parece  ser un acto de relevancia a una de las mujeres que quisieron con él compartir esa habitación que siempre a pesar de estar acompañado, siempre fue la de un hombre irremediablemente solo.
Repito, no me parece una obra maestra de la literatura, pero hay en ella un camino, un valor creativo que quien sabe si podría haber sido el comienzo de una senda que algunos de los escritores jóvenes posteriores ensanchara y enriqueciera. Nunca lo sabremos.  Por aquella época V. Nabokov escribía “Pálido fuego”, obra de parecidas características, aunque de más genio. Quien sabe……
En otro país, otros jóvenes si tuvieron esa oportunidad. A nosotros nos la robaron. Como tantas otras cosas.  Que nos hicieron más ignorantes y más desgraciados. Indudablemente.

viernes, 4 de agosto de 2017

“Dunkerque” de Christopher Nolan (2017)


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No pensaba ir a ver la película, estoy un poco cansado de patrioterismo norteamericano, épicas consabidas y rescates de “soldados rayan”, pero la escasez de estrenos atractivos y las críticas desaforadamente favorables dedicadas a la película, con la expresión “obra maestra” en alguna de ellas, junto con unas imágenes subyugadoras que había visto en el tráiler me decidieron a acercarme y echarle un vistazo. Y estaba equivocado, no era patrioterismo norteamericano, era patrioterismo inglés, que es peor que el americano al no ser tan ingenuo y hacer como que es una cosa cuando es la de siempre. Y me equivoqué, no tenía que haber ido a verla.
A excepción del poder visual del film que llega a hacerse pesado, por reiterativo, ciertos planteamientos que no llegan a resolverse y una estupenda banda sonora, que escucharé ya tranquilamente sentado en mi sillón, sin tanto avión exhibicionista y tanto barco simplemente ahí, donde están siempre los barcos, en el mar, más que nada para confirmar que es más que buena, todo lo demás es lo de siempre. Guerra, gente jodida y héroes anónimos.
Se podía haber buscado unos exteriores para que al hacer los planos largos de la playa con sus edificios uno no tuviera la sospecha de que esas edificaciones son de los sesenta largos y no de los  treinta cortos, porque la guerra ocurrió en 1939.
Se podían haber desarrollado un poco más los dos grandes temas que sólo se anuncian y casi ni se ven, del cobarde que huye y sólo quiere escapar de la guerra, o la del joven héroe que se mete donde no le llaman y lo joden vivo. Por no hablar de la entrega heroica sin condiciones del padre y hermano que pierden a su hijo y hermano con la tranquilidad del que pierde un lápiz. Un soldado aterrorizado que sólo quiere escapar se queda en un arrepentido soldado que admite su equivocación.
Se le podía haber dicho a Sir Kenneth Charles Branagh que por una vez en su vida no se pusiera tan intenso, que el cine no es el teatro, y así construir un personaje más creíble.
Se podía, se podía… pero no se hizo.
Una película más sobre la guerra en la que un piloto que se apunta los galones de gasolina que le van quedando con tiza, porque se le ha estropeado el indicador, no sé para qué, después de planear sin gasolina un sin fin de quilómetros aterriza tan maravillosamente en la playa dominada por el enemigo, le prende fuego al avión y se entrega orgulloso, sin pizca de miedo. El cruce de tiempos no arregla la impresión de inverosimilitud que a uno le embarga.
Por no hablar del recibimiento del tren lleno de derrotados que parece más bien que vienen de una victoria que de una derrota. Uno puede estar contento de haber conseguido traer a casa a compatriotas en peligro, pero ese jolgorio.
Esa estupenda toma del héroe, genial, al final no ha sido suficiente. Algo más de texto hubiera estado muy bien.
Si me preguntan cuántos soldados se salvaron, no hubiera echado más allá de diez mil, pero ¿trescientos mil?
Como se puede leer, no me ha parecido una obra maestra. Una obra maestra es otra cosa. Y una película original y necesaria, otra. Recuerda, recuerda.

miércoles, 2 de agosto de 2017

“Nightcrawler” de Dan Gilroy (2014)



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Vamos con la pejiguera de los títulos, o lo que es lo mismo, sobre lo mal que se traducen los títulos de las películas en el cine español, según me parece a mí. Esta se ha llamado “Primicia mortal” que da a entender algo que en la película no es el motivo de la historia. Si lo hubiera sido no se hubiese titulado “Nightcrawler” que quiere decir lombriz nocturna, merodeador de la noche. Que el protagonista sea un caza noticias sin conciencia ni moral parece que ha sido razón suficiente para encasquetarle ese simple y directo “Primicia mortal”, pues caza noticias para los canales de televisión.
Y no es así.
Gracias a la fantástica interpretación de Jake Gyllenhaal con momentos brillantes en que parece tener línea directa con el espectador, al menos con este espectador, en el que infunde de manera prodigiosa más miedo e inquietud que las últimas diecisiete películas de miedo que se han proyectado, esta  historia cinematográfica está como se suele decir jugando en otra liga. Elabora un personaje inquietante que se desenvuelve en las sombras y no sólo las de la noche con terrorífica soltura.
La escena en que Rene Russo adquiere certidumbre de con quien se la está jugando en un dialogo estremecedor entre los dos marca la línea en la que queda claro que a pesar de ser una gran actriz, tanto ella como los demás actores del film podían haber estado en otras historias, mientras que Jake Gyllenhaal no. Se apropia de la película tanto, que está incluso cuando no está. Suya es la película de principio a fin. La sostiene y le da sustancia. Sin él, la película hubiese sido una buena película. Con él es una película brillante, muy notable.
Buena la banda sonora que da soporte a la interpretación del protagonista y a esas imágenes urbanas que muestran el bosque lleno de monstruos en que convierten las ciudades por la noche.
Un bosque lleno de monstruos donde puede suceder de todo y de todo queremos enterarnos a la mañana del día siguiente. ¿Ese es el objetivo de la historia? No
El objetivo es mostrarnos a ese ser más monstruoso aún que está dispuesto a todo y que se nutre de ese horror nocturno. Y Jake Gyllenhaal nos lo sirve con prístina claridad.
Ahora ya sabemos lo que puede llegar a haber detrás de las “breaking news” de cada mañana.