jueves, 16 de octubre de 2014

Torrente 5 o el nuevo Jesucristo en El ruedo ibérico.







Tengo que comenzar por decir que soy, como se dice ahora y sin ironía, como hacen algunos, muy fan de Torrente. Desde la primera película. Más del personaje que de sus aventuras.
Ese individuo creado por Santiago Segura quedará grabado, mal que le pese a muchos, para siempre en la historia del cine español. No quedará en la historia del cine internacional y no porque no lo merezca, comparen con Mr. Hulot, Charlot o Cantinflas, si no porque no hemos confiado bastante en nosotros. Sí, en nosotros, digo. Porque Torrente es patrimonio nacional por mucho que algunos quieran esquivarlo y hacerse los suecos.
Este hombre, ruin, racista, machista, sucio, tramposo, traicionero, chulo, fantasma, ladrón, egoísta, cochambroso, que no se lava los calzoncillos sucios o se hace pildorillas, que prefiere ser cabeza de ratón antes que cola de león….es nuestro destilado.
Como un nuevo Jesucristo ha cargado con todas nuestras miserias y por nosotros se sacrifica. Si las pantallas fueran la cruz, no costaría nada imaginar a Torrente mirando al cielo y diciendo aquello de: ¡Perdónalos padre, Toni Leblanc guiñando un ojo, porque no saben lo que ven!
Nadie se atreverá a negar que la mejor manera de quitarse de encima un defecto, un vicio, una debilidad, es empezar por reconocerla, por admitirla. Pues Santiago Segura como un Dios guasón, genial y un poco cabroncete nos lo ha puesto no en bandeja si no en pantalla.
Si no fuera así de que iba a pasar eso de que todo el que es invitado a participar en la saga lo haga encantado….porque todos quieren participar en algo que ya comienza a ser una comunión nacional, una catarsis golfa, gamberra pero no por eso menos verdadera de eso que somos cuando somos despreciables y egoístas.
No me cuesta nada imaginar un Torrente 25 con Santiago Segura ochentón, es más, se me hace la boca agua.
Y he de confesar que he escrito hasta aquí antes de verla pero que ahora que la he visto sólo se me ocurre añadir lo siguiente: Es la más floja de sus aventuras y que me hubiera gustado estar presente cuando le hicieron el artículo a  Alec Baldwin para contratarlo. De verdad. Sobre todo si era Santiago Segura el encargado de convencerlo. Me lo estoy imaginando….Ja, Ja, Ja, Ja, Ja.
¿Y cuando Alec Baldwin se fue para casa con los cuatro anteriores Torrentes para verlos antes de dar el sí definitivo?……Ja, Ja, Ja, Ja.
Este Torrente 5, como mojón en la carretera de la infamia que nos corroe, se ha quedado atrás ya desde su estreno. Aunque quedan reflejados hechos recientemente acaecidos y vergonzosos y están en la cárcel alguno de los sinvergüenzas, no ha podido ser que esté dentro de la historia el sainete del virus del Ébola y la banda de los atracadores de Cajas de Ahorros más conocida como la banda de los Blakc Card…..así de rauda y veloz es la corrupción en España.
Una cosa les digo a los telespectadores que vayan a verla, no se pongan moralistas y exquisitos, déjense llevar por sus bajos instintos o por el niño gamberrete que llevan dentro. Torrente somos todos.
Y a Santiago Segura dos cosas: Que no cese y que mire si a la próxima lograr convencer a algún personaje “importante” de participar en ella. Yo le voy a dar algunos nombres, hay muchos más, que por su carácter y por su inclinación a la exhibición y la desvergüenza podían ser excelentes candidatos: José María Aznar en el papel de chulo-piscinas o político plano y ramplón. Esperanza Aguirre, como “madrina” de un grupo mafioso o vendedora de cerillas y demás complementos en cines y descampados. Alberto Ruiz Gallardón, como pagafantas y chico de los recados. Para tontos hay varios candidatos: Floriano, Alonso, Zapatero. Y luego con la caterva de alcaldes machistas y dicharacheros podía montar una tuna que fuera a cantarle una serenata a Ana Botella. Luego si quiere actores para encarnar a delincuentes, atracadores, ladrones y vagos…….la lista es interminable. Por no hablar de que si quiere sindicalistas tramposos y enanos traicioneros también hay de sobra. Eso y lo que vaya saliendo. Como se puede ver las dificultades del casting van a ser mínimas. Eso sí, cuando se les convoque al casting mejor dejar la cartera en casa.
Y ahora cinematográficamente hablando: El personaje es fantástico pero no hay que confiarlo todo a él. El guión y unos buenos secundarios también cuentan. Dicho esto último en plan amiguete.

jueves, 9 de octubre de 2014

BoyHood de Richard Linklater







Con la aparición del arte pop se puso en evidencia el callejón sin salida a qué había llegado la pintura. Cuando empezó a aparecer la música dodecafónica, atonal y demás intentos de librarse de lo que se ha dado en llamar música clásica se evidenció la imposibilidad de superar una música que sigue en nuestras salas de concierto lustro tras lustro y lo que te rondaré morena.
Y es que el hombre en su tozuda huida hacia la trascendencia por medio del arte va agotando caminos y tocando techos sin encontrar otras salidas.
Mientras tanteamos sucede que se nos ocurren cosas. Que se quedan en ocurrencias.
Para que una ocurrencia pase a ser arte debe dejar de distraer para emocionar. La diferencia que hay entre una distracción y una emoción, es que raramente aquella traspasa la corriente del tiempo y es arrastrada por él, perdiéndose entre los miles de recuerdos que puede que algún día ni recordemos. Mientras que la emoción se queda clavada en nuestro corazón, flotando imperecederamente. Volviendo una y otra vez. Ante una mención, un soplo, un susurro o un situación de déjà vu. Son los delicatesen del arte.
Piénsese, por ejemplo, en “La hija de Ryan”, o en “El tercer hombre”. ¿Cuántas veces habrá que ver esas películas para aburrirse de ellas? No lo sé. Yo las he visto n veces. Y siempre el mismo deleite, la misma sensación emocional, la misma admiración por sus artífices.
La larga y magistral escena final del “El tercer hombre” con Joseph Cotten esperando a la puerta del cementerio a la novia de Harry, esperanzado en tener un futuro con ella, que ha sido leal hasta el final, y el desprecio de ella hacia él que ha puesto la justicia por encima de la amistad, pasando a su lado…..la música sonando…..tararirorá rarirorá……..eso es eterno.
O la reflexión final, entre la lluvia, con la paloma en la mano, del replicante de Blade Runner.
BoyHood es una película sincera, decente, correcta en la que el paso de la vida es narrado con sencillez y una cierta complacencia. Todos los personajes interpretados de esa manera tan natural y yo diría otra vez natural, y que tan bien hacen en el cine americano, muestran una historia a la que la ocurrencia de rodarla durante doce años con los personajes viendo cómo van envejeciendo realmente no le añade nada sustancial. Si acaso, me permito aventurarlo, un entronque auténtico con la realidad. Pero, al que va al cine, ¿Qué le importa la realidad?
Se hubiera conseguido lo mismo con una serie de actores representando los diferentes papeles. Como se ha hecho siempre.
Pues esta ocurrencia es la que está dando la vuelta al mundo cinematográfico y llenando hojas y hojas de crítica sesuda y entusiasta. No quisiera ser aguafiestas, pero en este país nuestro, ahora mismo y sin rebuscar mucho, puedo nombrar dos series donde ha pasado lo mismo y casi seguro que los creadores ni lo han tenido en cuenta, llevados por el propio acontecer de las series y el crecimiento imparable de los actores. Me refiero a “Cuéntame” y “La que se avecina”. Dos series de largo recorrido en la que hemos visto a los niños de esas series crecer, salirles la barba y las tetas, cada uno lo suyo. Eso, ¿las ha hecho mejores? Me atrevería a decir que no. La primera, previsible y engañosa, con un guión destartalado, para consumo, sin más. La segunda gamberra, divertida, con unos actores en vena y un guión  atrevido se ha convertido en una de las series más reseñable de nuestra industria televisiva. El hecho de que los niños hayan ido envejeciendo con la serie ni se ha tenido en cuenta. ¿Vamos de sobrados? No, vamos de que no somos una industria. En América, sí. Y cualquier estratagema es válida para vender su cine.
BoyHood se ve a gusto, da para reflexionar. Es equilibrada y a ratos muy intensa. ¿Que la han rodado durante doce años con los actores envejeciendo realmente? Eso se han ahorrado en maquillaje.
He leído en las críticas cosas como: “Propone reglas nuevas a eso llamado cine” “164 minutos hipnóticos” “Una hazaña épica”
¡Por favor!, es sólo una película más. Dentro de unas semanas estará olvidada. Con su envoltorio de doce años y todo.
Para acabar. En un futuro se hablará de ella y cuando no se recuerde para avivar la memoria alguien dirá: Si, hombre, aquella que se rodó durante doce años con los mismos actores.
¿Y eso es cine?, creo que no. ¿Y eso es arte?, creo que tampoco. Es una ocurrencia. Una buena ocurrencia. Nada más.

jueves, 2 de octubre de 2014

La isla mínima de Alberto Rodríguez. Arde El Guadalquivir!



Dos cosas hay que agradecerle a Alberto Rodríguez: Que no haya caído en el panfletismo político aprovechando que pasaba por 1980 y el final de la dictadura y su hedor estaba cerca y que no nos hay querido vender la mandanga de que todos los malos pagan sus fechorías. Lo primero pasa por la película casi en plan anecdótico y el pasado franquista del poli bajito no va más allá de un pasado turbio, sea político o no. Y lo segundo……acordémonos del Duque de Feria, que por una vez sucedió lo contrario. En la realidad fue castigado. A ver si cunde el ejemplo. No digo más.
Incluso el tráfico de droga ha sido ninguneado. Sólo ha servido para crear ambiente, para crear verosimilitud.
Alberto Rodríguez quería contar un thriller y es lo que ha contado. Con un excelente ritmo narrativo, unos actores grandiosos, no sé con cuál de los dos polis quedarme aunque he de decir que Raúl Arévalo me ha impresionado y no ha deslucido nada frente a Javier Gutiérrez, y era muy difícil eso.
Los primeros planos a contra luz de los personajes me han parecido resueltos con maestría y las tomas cenitales muy sugerentes. A más de sorprendentes. Esto tan bonito y con esos bichitos que parecen hormigas…….pues no, ni es tan bonito ni son hormigas, es terrible y son seres humanos.
A partir de ahora dejaré de decir eso de “Pero como no se explota en el cine el inmenso acerbo paisajista y monumental que tenemos en España”. Se está haciendo y muy bien. Ahí está El Guadalquivir, a la altura del Mississippi.
Por fin volvemos la mirada hacia nosotros mismos, sin flagelarnos y sin menospreciarnos, con compasión y en su justa medida.
El guión muy cuidado y contenido. Podía haber habido más persecuciones y más disparos. Pero yo soy de los que piensan que aunque con lo justo se llama menos al espectáculo, sin embargo se construye mejor la credibilidad y yo creo que es eso es más deseable.
Un pequeño “pero” para el casting, que puede que ni incluso lo sea porque ignoro el tempo de rodaje de “El niño” con respecto a la Isla mínima, pero la coincidencia en las dos películas del actor protagonista de la primera y el estreno antes de “El niño” no ha ayudado mucho a “La isla mínima” . A mi lado alguien se puso a murmurar al verlo aparecer. Esos detalles tienen que cuidarse. Hay muchos actores que hubieran dado bien en ese papel.
Una estupenda y entretenida película de principio a fin. Una pena que ya la haya visto. Porque me gustaría volver a verla por primera vez y eso no lo suelo decir de muchas películas.
Al paso que vamos que los cines españoles se llenen para ver películas españolas dejará de ser  una sorpresa para pasar a ser habitual. Se ha tardado casi cuarenta años pero se ha conseguido. Cosa de la libertad y no de las subvenciones como pensaban algunos. De verdad.
Pero una pena que vayamos de cuarenta en cuarenta años.