sábado, 8 de septiembre de 2018

“El adiós de Stella” de Linn Ullmann


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Ninguno de los intentos estratégicos de Linn Ullmann para hacer atractiva, original y sustanciosa esta narración, funcionan. Stella cae desde el tejado del edificio donde vive cuando está en compañía de su marido. Ni se sabe ni se sabrá qué pasó. Parece haber un mensaje ahí. No lo sé. ¿Qué la muerte de alguien no es lo más importante si no la vida que llevó? Puede ser. Pero si es así, ¿Por qué es la muerte el desencadenante de la historia?
Hay variadas voces hablando de lo sucedido, todas tan inconexas y deslavazadas que es difícil juntar las piezas y tener un rompecabezas mínimamente interpretable.  Ni del escenario ni de los hechos. La policía, los testigos presenciales, la familia poco pueden decir de lo que pasó. Sólo que estaban allí mirando. El marido que estaba cerca tampoco inexplicablemente dice nada: No sé, se resbaló, se tiró, la empujé pero lo oculto. Se sienta delante de la policía y es la policía quien dice lo que le parece.
En cuanto al personaje, vuelve su marido a decir poco de cómo era, su hija mayor está más preocupada por las relaciones con su hermana pequeña que por su madre y el amigo anciano que tenía, es una pieza que no encaja en un rompecabezas que habla del adiós de alguien que estaba en un tejado y cayó. Y no encaja porque es que no aporta nada al personaje.
Ese es el problema. Todos hablando del personaje que da título a la novela y la autora que no ha sido capaz de polarizar esas voces y construir una personalidad.
Ha trabajado bien el saco en el que iba a ir la nuez. Unos capítulos que reflejan los videos caseros que graba el marido de Stella cuando está con ella. Con comentarios ingeniosos. Hay una rememoración ancestral de la familia del marido, tipo saga de emprendedores. Una hija adolescente con tendencia a la superdotación que no transmite si no ligereza e indiferencia ante algo tan traumático como que tu madre se caiga de un tejado y se mate, con reflexiones pintorescas y bastante flojas en originalidad. Hay un anciano con los problemas típicos de esa edad de la que nuestra protagonista se hace amiga, poco trabajado ese lazo, que nos cuenta como se pelea con su mujer de la limpieza a la que lleva aguantando muchos años y no despide no sabemos por qué y etcétera. No se puede negar que hay elementos para acoger una historia sustanciosa. Pero no la hay. No hay nuez. Mucho ruido pero no nuez.
Una novela malograda de la que la autora no ha sabido hacer rular. Stella se cayó del tejado pero casi ni lo sentimos. Porque como personaje casi ni se huele.

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