domingo, 5 de febrero de 2017

“Criando ratas” de Carlos Salado (2017)



Resultado de imagen de fotos criando ratas
Entre el documental, el neorrealismo y la película de principiante se mueve la primera aventura cinematográfica de Carlos Salado. Ambientada en un barrio marginal de Alicante, cuenta la historia de un delincuente y drogadicto de medio pelo que cava su propia fosa en cada golpe de aire que mete en sus pulmones. Esta es la película que periódicamente se hace en nuestro país dentro de lo que se ha llamado cine quinqui y que varios directores, entre ellos Eloy de la Iglesia y Carlos Saura, hicieron en su momento.
¿Era necesario?
Pues sí.
Han pasado cuarenta años desde Perros callejeros y que un director novel se atreva con esto es de agradecer. Es como un “vamos a ver cómo anda esto”. Y por lo que muestra, “esto” está como hace cuarenta años. “Gran labor” la de los políticos y la de todos los que han tenido los medios y el poder para mejorar nuestra sociedad. Había una clase social, hace cuarenta años, ignorante, manipulable e indefensa, viviendo al borde del delito cuando no sumergido en él. Entrando y saliendo de la cárcel, mientras hacían tiempo para morir de cualquier manera.
Cuarenta años después ahí continúa. Igual o peor. Porque si el anterior cine quinqui tenía su escenario en las grandes metrópolis, Madrid y Barcelona, esta película de ahora transcurre en una ciudad media, tirando a pequeña, como es Alicante y que también tiene su barrio marginal. Se puede decir que en estos años casi todas las ciudades españolas han conseguido su barrio lumpen. Un éxito de nuestros gobernantes. Si a este panorama le añadimos la cantidad tan grande de plataformas sociales reivindicativas que han surgido se puede sacar la conclusión de que nuestra clase política ha fracasado estrepitosamente.
Realizada con actores no profesionales, el film respira un aire de improvisación, frescura y digámoslo también, déficit interpretativo, que no perjudica, al revés, el valor de lo narrado.
Lo más creativo y artístico son los planos largos de esas colmenas, cuya construcción debió servir para llenar arcas de partidos y de politicastros de entonces. Y esos primeros planos de rostros esculpidos en la miseria y la derrota. Destaca el actor que hace de dueño de perros de pelea. Podía pasar por actor profesional.
El desarrollo de la acción es como un lienzo que recibe unos brochazos intensos, violentos, inconexos a veces, como si de un cuadro expresionista se tratara.
Es tan auténtica que su grabación debió paralizarse un tiempo porque su protagonista ingreso en la cárcel debido a que en un uno de los traspiés reales que dio le pasaron cuentas. Ahora trabaja de paleta con un familiar que es constructor.
Lo mejor del film es el histriónico personaje, el Mauri, delgaducho, con gafas que se pasa la película intentando conseguir unos “euricos” para estar con su enamorada que ejerce la prostitución y que no quiere saber nada de él. Se marca, mendigando, un monólogo, con baile incluido, divertidísimo.
La película se puede ver gratis en internet, http://www.criandoratas.com/.
Gracias a Carlos Salado por no dejar que olvidemos lo mal que socialmente se han hecho las cosas en este país.
A mí me gustaría más que fuese catalogado como cine de denuncia que como cine quinqui. El concepto quinqui parece que lleva en si la aceptación de que lo quinqui es para siempre. Y un país como el nuestro que tanto habla del bienestar debería avergonzarse de ello.
En algo que hemos evolucionado en estos cuarenta años es en que debido a nuestra entrada en la Comunidad Europea, a estos barrios marginales también ha llegado lo mejorcito de nuestros países hermanos.
La banda sonora muy inspirada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario