viernes, 19 de febrero de 2016

Zoolander 2 de Ben Stiller (2016)



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Me enteré que había una Zoolander 1 y que era de culto, al aparecer Zoolander 2. Y es que Ben Stiller y yo no frecuentamos las mismas películas. El humor, yo, a Ben Stiller no se lo veo por ningún lado. Ese humor burdo, grueso, zafio… no es humor, es payasada y casi nunca graciosa. Así que lo primero que voy a hacer es explicar cómo tuve que ver la película, algo que en condiciones normales nunca hubiera sucedido. Y ya después, si eso, hablo de ella mismamente.

Una tarde tomando cervezas y hablando con unos amigos de ir al cine salió esta película a colación y yo ufano dije,
-Yo no voy a verla así que me maten.
Y claro, como los padres te los asigna Dios y los amigos, el diablo, al hacer yo esta declaración  tan sobrada, originé el despertar de unas fuerzas imparables muy nuestras, de los españoles, que además me eligieron como objetivo de su poder.
 Pasa muy a menudo que dices amablemente,
-Podemos escalar mañana esa montaña.
Y nadie te hace caso. Pero si dices,
-¡A que no hay huevos de escalar esa montaña!.
Al día siguiente, a primera hora, tienes un equipo de gente más que dispuesta. Sin porteadores, sin agua, sin planos, sin camprones, sin GPS, sin mosquetones, sin comida pero como muchos huevos.
Unas fuerzas que se pusieron en marcha inmediatamente después de hacer mi declaración y que como luego supe empezaron a actuar al rato. Para pescarme.
Y para pescar algo lo mejor es un cebo. Y como somos amigos pues al día siguiente estábamos en un café y me presentaron a una chica. Que como no me di cuenta de todo enseguida queda explicado por el hecho de que ella se quedó prendada de mí al instante y al instante su aspecto físico  enturbió todas mis defensas o entendederas, como prefiera el lector.
Si además les digo que a la segunda frase  ya había manifestado su afición por el cine y a la tercera que le encantaría ver Zoolander 2 pues la primera le había parecido divertidísima y que le apetecería ir conmigo a verla y que yo no caí, dirán ustedes, éste es idiota. Idiota no, pero yo ya estaba en otro lugar, con otros pensamientos.
Así que ahí estaba con Caterina, dijo que se llamaba, sentado en el cine y comiendo palomitas  con ansia para que cuando empezase la película ya pudiera disponer de mis dos manos. Ni por la cabeza se me había pasado verla. Ni la película ni nada. Sólo tocar.
Se apagaron las luces y se oía una persecución en la pantalla, cuando yo ya estaba entregado a mi propia historia. Pero no,
-Oye para, yo esto ya no lo hago en estos sitios. Si quieres ahora vemos la peli y luego lo que quieras.
La miré. No vi más que el contorno difuso de su rostro que ya no me miraba. Estaba embobada con la peli y descojonándose de risa. Gire mi vista hacia la pantalla. Justin Biber. Haciendo morritos. Imposible. ¿De qué iba esto? Mis dispositivos de autodefensa se dispararon.
Y ahí me ausenté, entre en una especie de navegación con piloto automático, como autodefensa de las meninges, que me permitía estar y no estar, a la vez, en la sala. O sea, para que me entiendan. Imagínense a un león tumbado a la bartola. Pasa una berenjena haciéndose la interesante. Al león se la suda. Pues a mí con la peli lo mismo. De vez en cuando tenía como sobresaltos espasmódicos, creía ver a  Susan Sarandon, a Sting,  a John Malkovich, a Lewis Hamilton, a ¡Willie Nelson!…un disparate. Pensé que los parámetros de la navegación automática estaban desajustados y sufría interferencias. O que la presencia de Caterina, tan cerca y tan lejos, me producía alteraciones. Un sin vivir.
Supe que había terminado la película porque nada más acabarse alguien me toco el hombro y me dijo,
-¡Traidor!, ¿O sea que ni muerto venias a ver la película?
Mire hacia atrás y allí estaba toda la pandilla riéndose. Uno le dio un billete de 50 euros a otro. Miré a Caterina,
-Ahora iremos a mi casa, ¿no?
-Claro cariño, previo pago de 200 euros- y me guiño el ojo la muy ladina.
Así que sólo pude decir una cosa,
-¡Cabrones!
Caterina se despidió y nosotros nos fuimos a tomar una cerveza.
-A ver, hablando ya en serio, ¿A vosotros os parece que era necesario venir a ver esta película para sacar ideas de qué chorradas hacer en la carroza, en el próximo carnaval?.
-Hombre, cosas hay, la vestimenta, algún decorado, algún maquillaje. Con tanta gilipollez siempre hay algo de provecho- comento el más entendido.
No sabía qué decir.
-¿Y Penélope Cruz, que os ha parecido?- pregunto alguien.
-Más cachondeo no, ¿Eh?- me rebelé- Penélope Cruz no trabajaba en esta película. Esa no me la coláis.
Y ya cada uno nos fuimos a nuestra casa.
De la peli, ¿Qué puedo decir? No mucho. Que si no hay una Caterina, o un Caterino, si no te drogan y te llevan a la fuerza, si no te emborrachas y pierdes el control o si no te ponen una pistola en el pecho y te obligan a ir a verla….que cada uno haga lo que quiera. Pero si luego has de dar tu opinión vigila que no te estén grabando. Que ahora se graba de todo. Hasta películas como ésta. Y es que ya no se respeta nada.
Que digo yo que  a ver si en vez de película de culto…decían película de culo. Que todo puede ser.

Adenda 1. Tras un sueño intranquilo:
No pude descansar bien tras la visión de la película. No sé por qué, si por la oportunidad perdida que supuso Caterina o por la burla de mis amigos, pero tuve una pesadilla en la que estaba encadenado y Ben Stiller me decía,
-No hay excusa, si has visto la 2 tienes que ver la 1.
Y se dirigía hacia un aparato reproductor. Me había sujetado los párpados con pinzas.
Y yo, gritando,
-No, no, antes despelléjame, córtame a pedacitos poco a poco… ¡Piedad!¡Socorro!
Me desperté sudando. Ese mismo día firmé un compromiso conmigo mismo, ante notario. De manera que si voy a ver la 1 sin ser forzado, raptado, drogado, emborrachado, o con Cateria, se me corten los atributos sin anestesia.

Adenda 2. Ben Stiller en unas declaraciones: “Esta película lleva mucho tiempo cociéndose”. Pues a ver si va a ser eso. Y se ha pasado o pegado o secado o quemado…total que ha quedado para tirarla.

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