jueves, 16 de febrero de 2017

“Manchester frente al mar” de Kenneth Lonergan (2017)



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Esta historia que dirige Kenneth Lonergan, también está escrita por él y me imagino que guionizada, y ambas cosas las hace muy bien pero no habían pasado ni quince minutos de proyección cuando el nombre de John Cheever me vino a la mente. Toda la historia respira el aliento del maestro y no es algo negativo para el cineasta. Sobre todo porque la historia rodada no tiene que envidiar nada a los cuentos de Cheever. Al revés. Creo que al escritor estadounidense no le hubiera importado firmarla.
El ambiente de nevisca, marcadamente invernal en unos momentos, tímidamente primaveral en otros es el ambiente de muchas historias de Cheever. La vida de una comunidad al borde del mar. Los personajes, afligidos, desesperadamente humanos, pasmados por los aconteceres. El enfrentamiento entre la muerte, siempre inesperada, aniquiladora, y la vida que a pesar de todo sigue floreciendo, todo me recuerda a Cheever. Hasta aparece el alcoholismo, ingrediente no ajeno a las historias de Cheever. Claro que éste es un ingrediente de la literatura americana como los ajos en la restauración española. Un fijo. De todas formas más de un libro suyo debe haber leído Kenneth Lonergan.
Lo que hace este director con acierto tremendo y que nunca hizo Cheever ha sido poner esta historia en imágenes.
La historia de cómo un paraíso se puede volver para alguien un infierno. Un infierno del que puedes alejarte pero no huir. Porque casi siempre los lugares, las personas son ecos que nos devuelven el infierno que llevamos dentro y alejándolos sólo conseguimos paliar las voces que parecen perderse en otros paisajes, en otras personas pero que indefectiblemente sólo hibernan, esperando para volver a la superficie.
Que es lo que le pasa a un impresionante Casey Affleck cuando tiene que volver a su pueblo natal a raíz de la muerte súbita de su hermano mayor y hacerse cargo de su sobrino adolescente. Primero le vemos muerto en vida, haciendo cualquier cosa y buscando aniquilarse a cada momento y después le vemos arrastrado por la circunstancias, de vuelta a su tortura, intentando escapar a cada momento, ineficaz toda ayuda posible, hasta por fin rendirse y encontrar no una salida, porque no la hay, pero al menos un lenitivo.
Me puso la piel de gallina la escena entre él y su exmujer, literalmente.
Los golpes de humor muy bien encajados y sólo un pero. Y es un pero para casi toda la cinematografía norteamericana, ¿Es que no hay personas feas en Estados Unidos? Todos los actores son guapos y no digamos las actrices.
Pero es tan intensa y tan tremenda la historia que habrá que perdonarle este pequeño pero habitual fallo del cine americano.
Una película imprescindible sobre el sentimiento de culpa.
Desde ya los oscares a mejores actores para Casey Affleck y Michelle Williams y el de mejor película. Toda otra cosa será una injusticia o que ha aparecido otra película magnífica. Lo cual no estaría mal.

miércoles, 8 de febrero de 2017

"Toni Erdmann" de Maren Ade (2016)



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Este intento de Maren Ade de explicar que es lo que le da sentido a la vida contándonos la historia de un padre atrabiliario e inclasificable que se pone manos a la obra cuando ve a su hija ejecutiva, perdida y nada feliz, en un mundo frío y feroz del que todo sea dicho el no ha salido muy bien parado, da como resultado un collage de escenas que no consiguen vertebrar un guión bien trabado pero sí sumergirnos en un universo de estupefacción y contrastes que si nos paramos a analizar escena por escena seguramente nos llevará a poder ver en este film trozos de innumerables cineastas del pasado, pasando por el neorrealismo, el absurdo, el ensimismamiento, el surrealismo  y hasta conatos de suspense y misterio.
Esta historia, a veces sorprendente, a veces insólita, a veces extravagante, a veces misteriosa, a veces divertida, a veces desternillante, este ejercicio de irregularidad cinematográfica da, paradójicamente, como resultado una película fascinante, pues en ningún momento, ni tan siquiera al final se hace previsible. Lo que hoy en día, en que todos somos espectadores más o menos avisados, se agradece mucho.
Se agradece mucho sentarte y preguntarte a cada momento hacia dónde va la historia y pasar de estar conmovido a soltar una carcajada. Como se ve un desarrollo poco regular que requiere de un guión muy artificioso más al servicio en algunos momentos del gag que de la historia. Pero aún así, cuando sales de la proyección y ya tienes en la cabeza toda la película no puedes por menos que aceptar que el director ha estado muy acertado. La vida no tiene sentido así que procura seguir tus instintos. No es moral, no pretende dar lecciones, sólo exponer una situación. No hay soluciones, sólo seres indefensos, débiles, que buscan el abrazo y el calor de otros seres.
Que mientras eso pasa o no pasa, viven, y que cuando no reciben la visita de un “Toni Erdmann”, ellos mismos se hacen pasar por un “Toni Erdmann”. Ahora mismo sin ir más lejos, en unos días nuestras calles se llenarán de “tonierdmanns”.
Vayan a verla aunque sólo sea para ser sorprendidos.

domingo, 5 de febrero de 2017

“Criando ratas” de Carlos Salado (2017)



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Entre el documental, el neorrealismo y la película de principiante se mueve la primera aventura cinematográfica de Carlos Salado. Ambientada en un barrio marginal de Alicante, cuenta la historia de un delincuente y drogadicto de medio pelo que cava su propia fosa en cada golpe de aire que mete en sus pulmones. Esta es la película que periódicamente se hace en nuestro país dentro de lo que se ha llamado cine quinqui y que varios directores, entre ellos Eloy de la Iglesia y Carlos Saura, hicieron en su momento.
¿Era necesario?
Pues sí.
Han pasado cuarenta años desde Perros callejeros y que un director novel se atreva con esto es de agradecer. Es como un “vamos a ver cómo anda esto”. Y por lo que muestra, “esto” está como hace cuarenta años. “Gran labor” la de los políticos y la de todos los que han tenido los medios y el poder para mejorar nuestra sociedad. Había una clase social, hace cuarenta años, ignorante, manipulable e indefensa, viviendo al borde del delito cuando no sumergido en él. Entrando y saliendo de la cárcel, mientras hacían tiempo para morir de cualquier manera.
Cuarenta años después ahí continúa. Igual o peor. Porque si el anterior cine quinqui tenía su escenario en las grandes metrópolis, Madrid y Barcelona, esta película de ahora transcurre en una ciudad media, tirando a pequeña, como es Alicante y que también tiene su barrio marginal. Se puede decir que en estos años casi todas las ciudades españolas han conseguido su barrio lumpen. Un éxito de nuestros gobernantes. Si a este panorama le añadimos la cantidad tan grande de plataformas sociales reivindicativas que han surgido se puede sacar la conclusión de que nuestra clase política ha fracasado estrepitosamente.
Realizada con actores no profesionales, el film respira un aire de improvisación, frescura y digámoslo también, déficit interpretativo, que no perjudica, al revés, el valor de lo narrado.
Lo más creativo y artístico son los planos largos de esas colmenas, cuya construcción debió servir para llenar arcas de partidos y de politicastros de entonces. Y esos primeros planos de rostros esculpidos en la miseria y la derrota. Destaca el actor que hace de dueño de perros de pelea. Podía pasar por actor profesional.
El desarrollo de la acción es como un lienzo que recibe unos brochazos intensos, violentos, inconexos a veces, como si de un cuadro expresionista se tratara.
Es tan auténtica que su grabación debió paralizarse un tiempo porque su protagonista ingreso en la cárcel debido a que en un uno de los traspiés reales que dio le pasaron cuentas. Ahora trabaja de paleta con un familiar que es constructor.
Lo mejor del film es el histriónico personaje, el Mauri, delgaducho, con gafas que se pasa la película intentando conseguir unos “euricos” para estar con su enamorada que ejerce la prostitución y que no quiere saber nada de él. Se marca, mendigando, un monólogo, con baile incluido, divertidísimo.
La película se puede ver gratis en internet, http://www.criandoratas.com/.
Gracias a Carlos Salado por no dejar que olvidemos lo mal que socialmente se han hecho las cosas en este país.
A mí me gustaría más que fuese catalogado como cine de denuncia que como cine quinqui. El concepto quinqui parece que lleva en si la aceptación de que lo quinqui es para siempre. Y un país como el nuestro que tanto habla del bienestar debería avergonzarse de ello.
En algo que hemos evolucionado en estos cuarenta años es en que debido a nuestra entrada en la Comunidad Europea, a estos barrios marginales también ha llegado lo mejorcito de nuestros países hermanos.
La banda sonora muy inspirada.

viernes, 3 de febrero de 2017

"Múltiple" de M. Night Shyamalan (2017)



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Esta película ha seguido la senda de todas las películas, por lo menos las que yo he visto: “El bosque”, “El sexto sentido” y “El incidente”,  de este director, y que no es otra senda que crear unas expectativas desproporcionadas durante el desarrollo de la historia para ir quedando al final, y poco a poco, en una película más, convencional, del cine de entretenimiento. Llama la atención la dificultad que tiene este cineasta, y más teniendo en cuenta que los guiones suelen ser suyos, para culminar narraciones que casi siempre merecerían un final  más acorde con el planteamiento. Es como si al final la imaginación de este hombre se arrugara y no supiera qué hacer con la trama.
Si te inventas una historia de un personaje con trastorno disociativo de la personalidad, que además llegan hasta 24, esfuérzate un poco y no acabes el film como se han acabado siempre los de sicópatas, o capturado o suelto por ahí tramando la próxima. Busca un final que corone el planteamiento. El cameo de Bruce Willis, lamentable.
Otra cosa que podía haber hecho es profundizar un poco más en el aspecto “técnico”, incidiendo en la potencia del cerebro, en su capacidad, para transformar el cuerpo, darle más aire a eso de que una personalidad sea diabética y otra no, una fuerte y otras no. Suena todo el guion a apresurado. Creo que el personaje de la doctora podía haber dado más de sí. Después la excusa de la múltiple personalidad del protagonista ya suena a muy manida, demasiado Freud, por no hablar del chirrido que supone que la chica protagonista, a su edad, siga soportando a su cariñoso tío y ya el colmo que eso sirva al “múltiple” para sacar unas conclusiones que hubiera estado mejor que nos hubiera explicado la doctora.
No le encuentro sentido al manojo de flores en el metro y me parece desproporcionado y muy de “Marvel” ver a la bestia batiendo los cinco mil metros, desnudo en plan Hulk, muy visto. Por no hablar de sus capacidades reptadoras, que más que dar miedo dan risa.
Me imagino que al actor protagonista se le debió hacer la boca agua cuando le ofrecieron el papel, bueno los nueve o diez que interpreta, pues el asunto daba para mucho. Aunque viendo como desarrolla esos nueve o diez que aparecen,  uno  se explica que no se aventurasen con más. Un actor muy limitado que se limita a alimentar las diferentes personalidades de una manera muy vasta, más apoyado en el rostro que en la mirada, las muecas o los gestos. Un actor muy plano para tanta complejidad. Ni siquiera “la bestia” da mucho miedo.
Lo mejor, los diálogos del niño por ocurrentes y etcétera.
Esta película puro fuego de artificio. Mucho ruido y pocas nueces. Claro que con tanto monstruo como anda suelto, ya cuesta ser original y encontrar una verdadera razón para uno más.
La sala estaba llena. Que parece ser que es lo que importa verdaderamente. O sea que un éxito comercial…  porque otra cosa.

martes, 24 de enero de 2017

"Que dios nos perdone" de Rodrigo Sorogoyen (2016)



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Esta película se divide claramente en dos partes. Estamos siguiendo, tras ellos, las pesquisas de dos policías harto conflictivos, uno tartamudo y aislado de todo tipo de vida social y el otro violento hasta decir basta, y que trasmite muy bien el actor, que investigan los crímenes cometidos por lo que parece ser un asesino en serie de ancianas, cuando el director, a mitad de película más o menos, nos hace una finta y nos pone delante de los policías. Nos presenta al asesino. Ahora ya sabemos quién es, conocemos su cara. Creo que este es el aspecto más reseñable de la película de Rodrigo  Sorogoyen. Es un giro que entabla un dialogo con el espectador- ¡Eh, que sé que estáis ahí!- muy interesante.
Desde ese momento los dos policías pasan a ser más personas que policías y la historia pasa de ser un thriller a ser un drama. Antes dos policías perseguían a un psicópata y desde el momento que nuestra situación como espectadores cambia, se trata de tres personas atormentadas, cada una tratando de sobrevivir de la mejor manera posible.
Ambientada al comienzo de la crisis, 2011, en Madrid, coincidiendo con la vista del Papa, lo que le sirve al guionista para hacer la consabida crítica de que en determinados momentos, que son muchos, las vidas humanas no valen un pimiento, y entablar el clásico enfrentamiento entre el policía trepa y el policía comprometido con su trabajo. Algo tópico y típico pero insoslayable.
Creo que la creación de los tres personajes es muy acertada. Antonio de la Torre y Roberto Álamo cumplen a la perfección su papel de atormentados pero honestos y escrupulosos policías y el papel de joven psicópata, relamido y con complejo de Edipo, que es el más difícil, al ser el más matizable, es resuelto con mucha solvencia por Javier Pereira, que lo mantiene en ese punto en el que al hacerlo cotidiano lo hace más terrible.
Es de agradecer que estos dos policías se queden en esta película y que la tentación de llevarlos a posteriores secuelas, que a buen seguro ha existido, dada la potencialidad de los dos personajes, haya sido desechada.
La ristra de secundarios, policías, forenses y viejitas muy bien, a la altura de ese ejercito de secundarios americanos que en más de una ocasión salvan la película. No sé si porque por fin los directores españoles se dan cuenta de su valor o porque los secundarios empiezan a ser actores muy solventes.
Un pero. Creo que la escena final da para un dialogo más profundo y dramático, se resuelve con mucha prisa. Y muy mecánicamente. Una pena porque la peli merecía esa guinda.
Ahora mismo este film sufre la sombra alargada del monstruo pero con el tiempo ocupara su lugar. De lo más completito que he visto en películas policiacas españolas.