lunes, 2 de marzo de 2020

“La verdad” de Hirokazu Koreeda


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Sutil y reflexivo ejercicio sobre eso que llamamos realidad y que al intentar reflejarla adquiere el calificativo de verdadero o falso.
E inteligente y estimulante la decisión de reflexionar sobre ello en un escenario tan intrínsecamente manipulable: El cine.
Pues la película va sobre actores, actrices sobre todo, cine dentro del cine, sobre todo lo que alimenta esta industria y que se hace posible con la participación tanto de actores como de espectadores.
La convención es la madre de la realidad, de la verdad. Se necesita de su presencia en todo momento. Cuando alguien prescinde de ella y se aventura en la búsqueda de su verdad, le puede pasar como al que salta. Si el salto es desde dos metros, el paracaídas no ha hecho falta. Si el salto es de unos cientos de metros, sin paracaídas…
El conflicto planteado en el film, sin maniqueísmos ni juicios, sin condenas pues, es cómo vemos lo que miramos en función de lo que queremos ver.
Así una actriz en decadencia tiene claro que actuando es lo más próximo a la verdad que se puede estar. Su determinación y convencimiento es como un tornado que hace girar todo a su alrededor. Al final, nadie es capaz de permanecer inmune ante su presencia.
Es un tema delicado, complejo, que podía haber caído en el melodrama pero Koreeda con un pulso firme lo hace transitar por el campo de la tolerancia, la simplicidad, lo que paradójicamente le da más hondura y consistencia. Casi no hay lágrimas y cuando las hay parece que el que las vierte se avergüenza.
En un mundo de “fake news”, en el que la verdad cabalga a manos de la tecnología, un buen remedio sería adoptar la actitud que se desprende de esta película.
Cada uno tiene su verdad. Se impone si se puede y si no pues se termina aceptando la del otro. Al fin y al cabo es lo que se ha hecho siempre.
Este es un cine de autor en el que todo gira alrededor del tema. Estos u otros actores, todos hubiesen estado a la altura. Más narradores que actores.
No es un cine de distracción. Al revés es un cine para estar atentos.

miércoles, 5 de febrero de 2020

“Historia de un matrimonio” de Noah Baumbach

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Esta película es una historia inclasificable, yo diría total, pues está aderezada con todo tipo de géneros. Hasta por unos instantes es un musical. No le tiembla por eso el pulso al director.
Decir que es un melodrama sería etiquetarla pero no alcanzaría para definirla en toda su riqueza. Porque la verdad es que tiene momentos cómicos, momentos simplemente graciosos, momentos dramáticos, momentos de intensidad trágica, momentos de aprendizaje de la vida, es decir recoge casi todo el espectro emocional del ser humano.
Y lo que es más relevante, toda esa ambición no la hace desmesurada, mostrándose en todo el metraje equilibrada.
Un matrimonio de artistas del teatro se va deshacer. Esta situación hay muchas formas de contarla. Seguramente las hay maquinales, las hay lacrimógenas, sentimentaloides, las hay irónicas, en fin una multitud de opciones.
En esta película se ha elegido una forma no muy original en el formato, rotura, negociación y desenlace. Pero dentro de estos tres recorridos hay ocurrencias muy originales, creatividad a raudales y verdaderas escenas teatrales.
El comienzo ya es un toque de atención: ¡Alerta, aquí parece que hay algo que merece la pena!
Y lo merece. Toda la historia se desarrolla de manera perfecta, con momentos verdaderamente “woodyallenanos”, con amor por New York incluido, que sin embargo no quitan a la cinta ni pizca de personalidad propia. No me extrañaría que le cayera algún Oscar, guión, dirección, sobre todo. A pesar de que la competencia este año es feroz.
Los dos protagonista están fantásticos. Siento debilidad por Adam Driver desde que lo vi en “Paterson” y en “Las suerte de los Logan”. Aquí no desmerece. Scarlett Johansson nunca me ha vuelto loco, pero aquí consigue una interpretación muy solida y da la replica a Adam Driver con total solvencia.
Los demás actores, secundarios, como siempre en el cine americano, no es que brillen, es que sin ellos la película pasaría de ser una joya a ser una simple piedra preciosa.
Esas escenas, que deben ser complicadísimas de montar, con una cantidad elevadas de actores moviéndose, haciendo su papel, siempre me ha parecido lo más cercano a un ballet o a una orquesta sinfónica que se puede ver en el arte cinematográfico. Aquí hay varias. Y eso no se consigue realizar perfectamente si todos y cada uno de los actores y no actores no son unos virtuosos de su trabajo.
Brillantísima película. A ver que pasa en los Oscar.

domingo, 26 de enero de 2020

“Richard Jewell” de Clint Eastwood


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Las películas de Clint Eastwood raramente sorprenden. Una vez planteada la trama el desenlace se adivina. Sólo “Mistic River”, de las que yo he visto y las he visto casi todas, se salva de ello y mucho me temo que se deba más a que el guion está basado en un libro de argumento férreo que a la voluntad del director.
Sin embargo, y a pesar de esa predictibilidad, las películas de Eastwood se van a ver y gustan. Seguramente por sus alto contenido de sensiblería, extrema algunas veces, y porque técnicamente, interpretación, guion, fotografía, música, dirección, tienen muy pocos reparos.
Nadie dirá que las películas de Eastwood son malas, tampoco nadie dirá que son obras maestras del cine. Son correctas.
Esta también lo es.
Clint Eastwood plantea una hipótesis con dos posiciones claramente enfrentadas. Orden y libertad. Aunque para que le salgan las cuentas haga trampas y en el lado de la libertad presente el libertinaje y las malas maneras. Lo que lleva al film a un final inverosímil pero evidentemente complaciente.
A pesar de que a la hora de exponer los argumentos, el manejo de los hechos podía llevar a pensar que mejor que la peli se hubiera llamado “Watson Bryant”, que es el nombre del abogado que defiende al protagonista y que interpreta Sam Rockwell de manera muy equilibrada.
De hecho en la hipótesis que plantea Clint Eastwood, enfrentamiento entre y libertad  y en el que gana el orden, más en sintonía con el afán justiciero de Eastwood, hubiese sido más realista que este abogado fuese el héroe. Con un final en el que Richard Jewell hubiese sido condenado; el hombre del FBI y la periodista, del lado de la libertad mal entendida, hubiesen salido triunfantes y el abogado, que es el único que es ordenado y libre a la vez, resignado.
De hecho en el guion parece todos servido con ese objetivo.
-El protagonista repite cansinamente que él es partidario del orden.
-Del otro lado, el hombre del FBI evidencia en una frase muy explicita que al él le da lo mismo lo que diga un juez, que para él el guardia de seguridad es culpable, y la periodista suelta unas lagrimitas.
-Y se pone en evidencia con intención clara que el abogado, amante de la libertad, abandona un gran trabajo para instalarse en un cuchitril de medio pelo porque a él no lo manda nadie y lo demuestra cagándose en la madre de un senador, ama también el orden pero no entiende a Richard Jewell. Le atrae el simplismo de la bondad inapelable.
Pero no, Eastwood, tan corajudo en los personajes que interpreta, aquí no se atreve. Y contra todo pronostico salva lo insalvable.
De una película más compleja a una más simple y maniquea.
Y eso al gente lo agradece. Y él lo sabe.
Una más de Clint Eastwood. Correcta.

lunes, 6 de enero de 2020

“El irlandés” de Martin Scorsese

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Si Scorsese en vez de ser director de cine fuese entomólogo, los barrios italianos de las ciudades de America serían su campo de estudio y de entre todos los tipos, el mafiosos sería su insecto preferido.
Este proyecto, no historia, que surgió de la cabeza de De Niro y que ha llegado a cabo Scorsese es la última obra maestra de este ultimo. Sin ambages.
Me producía desconfianza esa nueva técnica de rejuvenecimiento de rostros y no veía muy claro como afectaría al film. Al estar viendo la proyección seguía desconfiando, cuando a fuerza de una dialogo con sustancia y contenido caí en la cuenta de que podía estar viendo teatro japonés con actores enmascarados.
Cierto hieratismo en sus caras, cierto acartonamiento le daban a los actores valor simbólico, de esfinge. Lo que daba a los personajes una solemnidad, marcaba una distancia con lo que estaba ocurriendo y además no impedía que sus rostros transmitieran emociones. Sólo hay que ver a De Niro en algunos planos medios. Era un mix entre la interpretación occidental y la oriental, más parecida al teatro griego. Sorprendente de ver. Y grato. Llevar la mafia al nivel de las tragedias griegas y no sólo por el tema.
Esta película es indudablemente un homenaje que Scorsese se ha querido dar a si mismo y compartirlo con sus actores fetiches de siempre. De Niro está estupendo, alejado de esas interpretaciones llenas de tics, planas, vacías y la corte de secundarios no puede ser más fantástica.
Brilla en el guion, a modo de contrapunto del mundo que retrata, la relación conflictiva entre el irlandés y su hija Peggy. Un rayo de luz humano entre tanto crimen.
Un guion lleno de esos pequeños diálogos que se han hecho clásicos en este tipo de películas, esos pequeños diálogos que son brochazos de cotidianidad en unas vidas muy poco rutinarias. Yo destacaría el referente al olor de pescado dentro de los coches, casi al final. Me parece delicioso.
Sólo un pero en la historia. No veo muy claro, a riesgo de hacer spoiler, el papel del hijo en la muerte de Hoffa. Si estaba ¿por qué no se extrañó?. No tiene lógica. No hubiera costado nada poner otro conductor. No está clara la escena.
En fin, Scorsese lo ha vuelto a hacer. Darle otra vuelta de tuerca a sus estupendas películas de italoamericanos y batir el record que habían marcado Los Soprano.
Y vaticino un recorrido interesante a esta técnica de rejuvenecimiento. Para enfrentarse al cine de personajes creados artificialmente, por ejemplo. A ver.

domingo, 22 de diciembre de 2019

“Una España mejor” de Mariano Rajoy


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Yo suelo hacer reseñas de películas y hace un tiempo ante lo descarado de la mercadotecnia y el envenenamiento mental que produce empecé a tener el atrevimiento de hacer reseñas de películas que nunca iría a ver, películas que por su temática, su planteamiento, sus actores, delataban la intención y la mediocridad que las asistía. Más que películas, producto.
Pero hacer lo mismo con un libro no me parecía de recibo, no me atrevía. Primero porque no hay en la aparición de un libro nuevo en el mercado la descarada campaña publicitaria que suele asistir a las películas antes de su estreno, con la que mi indignación se pone en ebullición y ya no veo espectadores yendo a las salas si no besugos picando el anzuelo. Y que me perdonen los besugos, que tienen la justificación del hambre.
Así que no osaba.
Hasta que apareció este libro. Aún dudaba.
Hasta que me acordé de Josep Pla, este enorme escritor, el mejor en lengua catalana por mucho que el nacionalismo y el independentismo catalán se hagan los despistados; este escritor, decía, confiesa en el retrato que hace de uno de sus “homenots”, que no conoce ni ha visto nunca al retratado. Se trata de Joaquim Ruyra. Lo confiesa y se muestra sorprendido porque algunos de los conocidos que han leído el retrato y conocen a Joaquim Ruyra admiten que el retrato es bastante acertado. Después explica la técnica de la que se ha servido y que viene a ser: “Por sus obras los conoceréis”.
Así que me dije, ¿Por qué no vas a hacer tú una reseña del libro de Mariano Rajoy sin haberlo leído? Porque obras, actos, elipsis y momentos inolvidables Mariano Rajoy nos ha suministrado a raudales. Y la hice. Aquí está.
Lo primero. En este libro, en su título en concreto, Rajoy se muestra todo lo osado, decidido, provocativo y valiente que no ha sido capaz de ser durante su gobierno, en el que escurrir el bulto ha sido marca de su personalidad. Desde aquella inefable rueda de prensa hasta su despedida a la francesa de la política.
Titular el libro “Una España mejor” es de un grado de atrevimiento inaudito en él.
El hombre que no originó pero que alimentó como ningún Presidente de Gobierno Español había hecho hasta ese momento el entuerto entre el Estado Español y Catalunya, con su cerrazón, su falta de empatía, su democracia impostada y su pereza más física que mental ha sido capaz de ponerle este título al libro.
El hombre que disimuló el rescate al sistema bancario español suministrando dinero a troche y moche a los bancos, dinero de todos los españoles que no volveremos a ver, ha escrito un libro con ese título.
El hombre que ha dejado un país en el que hay cientos de miles de desahuciados sin resolver su problema habitacional ha publicado un libro con ese título.
El hombre que hizo una reforma laboral que ha tenido como consecuencia que muchos españoles aún trabajando no salgan de la pobreza, dice que ha escrito un libro con este título.
El hombre que fue ministro de un gobierno que propició la matanza más grande que ha sufrido este país a manos de terroristas ha sido capaz de ponerle este título a su libro.
El hombre que dirigió un partido con tanta corrupción que la judicatura no dudo en calificarlo de organización mafiosa le pone a su libro este título.
El hombre que es más que sospechoso de haber cobrado dinero negro en sobres y que le envió al tesorero de su partido en la cárcel un sms de ánimo y apoyo, le pone a su libro este título
Una España mejor.
¡Cabe mayor cinismo! ¿Se puede insultar más a todos los españoles y en especial a los que durante su mandato se vieron desprotegidos y abandonados por su gobierno?
En vez de desaparecer sin dejar rastro, algo en consonancia con su desaparición por piernas del Congreso y de la vida política, desde el burladero que supone escribir la piedra y esconderse, intenta reivindicarse sin mojarse… como acostumbra.
No puedo acabar la “noreseña” sin mostrar mi extrañeza por el fenómeno que se ha producido ante la aparición del libro: Es el número uno en las listas de ventas en el apartado de no ficción. Lo que tiene una de estas dos explicaciones: O hay mucho besugo que ha picado o tras esta cifra de ventas hay mucha compra interesada, lo que no me extrañaría viendo reseñas como la que hace Luis María Ansón en su último cortijo “El Cultural”. Una reseña en la que este ¿periodista? acostumbrado a priorizar sus múltiples intereses ante la labor informativa del periodismo, pone el libro y la labor política de Rajoy por las nubes, aunque sin atreverse a obviar el asunto catalán en el que no acabo de ver claro si le parece mal la actuación de Rajoy por defecto o por exceso.
Sea como sea, no he leído el libro ni lo leeré porque no hay ni una vocal que pueda escribir este político y que yo pueda creer.
Si lo hubiera publicado como novela de ciencia-ficción, aún.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

“Los hermanos Sister” de Jacques Audiard (2019)


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Esta película es un poco como su título, que aparte de ponerle un nombre identificativo al film quiere decir algo más. ¿Por qué sino ponerle a los hermanos el apellido Sisters (hermanas en inglés)?  O sea “Los hermanos hermanas”. ¿Un homenaje al cine americano? ¿Un indicativo de la relación que tienen los hermanos? Ni idea. ¿O fue simplemente porque se llama así el libro en el que está basado el guion?
Pues seguramente la película está igual, cargada de buenas intenciones, ya que tiene buenísimos actores, la historia es notable, pero…
¿De verdad que había que hacer otra película del Oeste americano? No sé. Si se ha hecho, seguramente sí.  A mí me sobra, desde luego. No hay nada en ella que me hay llamado la atención.
Y además no sé si quiere ser una película de aventuras, con muertes, persecuciones, avaricia, traiciones o quiere ser una reflexión sobre cómo vivimos nuestra vida a pesar de todos los inconvenientes y sea en el escenario que sea. Y tampoco es que sea importante saber qué ha querido contar el director, porque lo cierto es que no profundiza en nada. No es de aventuras, porque si lo fuera sería muy simple y sin grandes aventuras, sólo matar y huir. Y si fuera reflexiva… se ha quedado en la superficie.
Poco explotado Joaquín Phoenix, no es un actor de carácter, y con la barba queda obsoleta su facultad interpretativa. Tampoco brilla el personaje de Jake Gyllenhaal, tan inquietante en otros films y aquí tan plano. Sólo está en su justa medida John C. Reilly, secundario de lujo en cualquier  película que se precie.
Ese desaprovechamiento de dos excelentes actores es la muestra del resultado desacertado alcanzado con esta película.
Los diálogos, planos, a pesar de estar basada en una novela que no he leído pero que sospecho con más enjundia que la película son fruto de un guión fallido que no consigue captar algo que está en el aire pero que no se consolida. Ni es de humor ni es trágica, ni tragicómica.
El final es de traca, sólo falta un chupete y un patito en la bañera. Sospecho que se ha desaprovechado el libro, que no he leído pero que leeré. Lo juro.
Si usted no ha visto Dead Man (1995) o Grupo Salvaje (1969), véalas y ya está.

viernes, 6 de diciembre de 2019

“Día de lluvia en New York” de Woody Allen (2019)

Resultado de imagen de fosto de “Día de lluvia en New York” de Woody Allen(2019)Deliciosa. Que un profesional con ochenta y tres años sea capaz de hacer su trabajo de manera que el resultado sea fresco, original y lleno de creatividad da una idea de cuanto ese profesional domina su oficio.
Con los ingredientes ya conocidos de sus películas más emblemáticas: La ciudad de New York y una historia de amor con algunos enredos Woody Allen construye un film deliciosos, lleno de chispa, con diálogos ocurrentes, vivos, cargados de intención y guiños y unos personajes cincelados con una precisión y una maestría indiscutible.
Además con ese añadido que supone esa New York tan particular de este director, tan suya, esa ciudad que en esencia ya no existe. Son los edificios, las calles, los hoteles, los paisajes de esa ciudad, pero el alma es la de hace muchos años, tantos como la memoria le permite mirar hacia atrás al director. Este anacronismo es la magia de su cine.
Una historia de amor sencilla, con algún malentendido, algún enredo; una música alimentada de “standars” de jazz y la fuerza teatral de las situaciones que crea le permiten bordar a este genio del cine  una vez más una obra maestra con cuatro mimbres.
No ha sido necesario inventarse una historia loca, desorbitada; no han sido necesarios unos escenarios excesivos, rocambolescos; no ha hecho falta, en fin, lo excesivo. Simplemente talento: Imaginación, creatividad, sabiduría escénica y un texto preciso e ingenioso.
Las interpretaciones de Elle Fanning, la pueblerina de Arizona que llega a New York, y la de Liev Schreiber, el director depresivo, al borde del derrumbe existencial, trasunto del propio Allen, lucen en la historia como dos faros. Ellen Fanning se come todo lo que se pone a su lado y sólo Liev Schreiber es capaz de darle la replica a la acertadísima interpretación de esta actriz. Los demás actores, como suele suceder en las pelis de Allen, están a lo que este se les dice pero no acaban de creérselo. Algo que dota a sus películas de un sabor teatral aunque pasen bajo una tormenta o en el interior de un útero.
Echábamos de menos a este mago del ingenio cinematográfico que con la sencillez construye pequeños diamantes.
Repito, deliciosa la película.
Gracias Sr. Allen por evidenciar que todavía se puede hacer cine dese el simple y sencillo talento del contador de historias. Sin más.